Nuestro Presidencialismo absoluto
Por Luis Rappoport Los rasgos que distinguen a un régimen absolutista son la centralización del poder, la articulación de ese poder con la fe y la institucionalización de una sociedad cortesana. En el ejemplo clásico de monarquía absoluta – la Francia de Luis XIV –, el Rey centralizaba el poder. La expresión “muerto el rey, viva el rey” no aludía al sucesor de un rey difunto. Aludía a la única institución que había que respetar: el Rey. La frase expresaba que, aunque muriera el rey, persistiría la monarquía. Este sistema se distingue de las repúblicas y de las monarquías constitucionales. En éstas, el poder está descentralizado y los cargos electivos requieren del consenso ciudadano con un tramado de partidos políticos y mecanismos de representación y participación. El poder, para que sea legítimo, debe ser limitado por las leyes. Los presidentes, los reyes y los primeros ministros son tan esclavos de la ley como cualquier ciudadano. Pero el absolutismo no es exclusi...